¿Qué modelo de cama elegir para un niño?
Para los padres, la cama que van a elegir para su hijo es una de esas inversiones que merecen una reflexión detenida. Sin duda, esta determinará la distribución del resto de la habitación, pero, sobre todo, condicionará el sueño del niño y, por extensión, el de sus padres. No existe ninguna regla concreta sobre la edad adecuada para pasar de la cuna a una cama más grande. Algunos recomiendan entre los 18 y los 24 meses, mientras que otros prefieren el periodo de los 2 a los 3 años. Otros, incluso, hablan de los 3 a los 4 años. Lo único seguro es que, en el momento en que el niño ya no se sienta cómodo o empiece a trepar por los barrotes de su cama, es hora de pensar en el siguiente paso. Echemos un vistazo a nuestra guía para saber qué tipo de cama elegir para un niño.
Reflexionar sobre las necesidades reales del niño
¿Qué tipo de cama necesita realmente un niño? Si la habitación no es muy grande y al niño no le da miedo la altura, una cama combinada, una litera o incluso una cama alta son muy buenas alternativas. Y para aprovechar al máximo el espacio de almacenamiento de la habitación, también hay camas con cajones. Por su parte, la cama nido le da al niño la oportunidad de invitar de vez en cuando a un amigo a pasar la noche.
Pensar en la altura de la cama adecuada para el niño
La altura de la cama que elijamos es importante, ya que condicionará en parte la autonomía del niño. Si el somier está cerca del suelo, el pequeño podrá subirse y bajarse con facilidad. Por el contrario, si la cama es demasiado alta, tendrá que pedir ayuda a los adultos con frecuencia. Esta etapa es especialmente importante, sobre todo si el niño aún es pequeño.
¿Cuál es el tamaño de cama recomendado para un niño?
La cama que se recomienda justo después de la cuna es la cama infantil de 70 x 140 cm. Este modelo está especialmente diseñado para niños pequeños a partir de los 18 y los 24 meses. Estas medidas coinciden con las de una cuna evolutiva, cuando alcanza su máxima superficie de descanso.
También hay que destacar que este tipo de cama cuenta con barandillas laterales, tanto en la cabecera como en los pies, lo que permite colocarla en cualquier lugar de la habitación. Dependiendo del modelo, este tipo de protección puede ser desmontable, lo que permite pasar progresivamente a una cama de libre acceso. La ventaja adicional radica en que, en la mayoría de los casos, estas camas para niños de edad intermedia son bastante bajas, lo que no limita su autonomía y, al mismo tiempo, evita el riesgo de accidentes.
Hay otra medida intermedia disponible: la cama junior de 70 x 160 cm. Esta se adapta perfectamente a las medidas de un niño, a la vez que le ofrece más espacio. A veces se descarta este modelo para optar directamente por una cama de tamaño estándar para una persona.
Para ahorrar espacio, este tipo de camas suelen estar equipadas con un cajón debajo en el que se pueden guardar un edredón, sábanas o cualquier otra cosa.
¿Qué material elegir para una cama infantil?
Para una cama infantil, el mejor material sigue siendo la madera en bruto. No obstante, los paneles de fibra de madera de alta densidad (HDF) también se consideran un material de buena calidad. Sin embargo, no deben haber sido sometidos a ningún tratamiento químico.
Y, al igual que con cualquier compra relacionada con los niños, hay que tener cuidado con los compuestos orgánicos volátiles (COV). Es importante fijarse en las etiquetas de los productos para comprobar su índice y revisar también las posibles pinturas: lo ideal es que sean pinturas al agua, sin productos químicos ni barnices.
Para la cama de un niño, se recomienda elegir una cama con somier de láminas. Esta opción favorece una mejor ventilación del colchón.
Comprar el colchón por separado
Para facilitar las cosas al cliente, muchos fabricantes ofrecen camas infantiles con somier y colchón incluidos. El problema es que la calidad de este último no siempre está a la altura. Para garantizar una mayor comodidad al niño, se recomienda comprar el colchón por separado. También se aconseja optar por un modelo hipoalergénico, firme y antiácaros.
¿Qué estilo de cama elegir para un niño?
Este paso puede parecer secundario, pero es mejor que al niño le guste el diseño de la cama elegida si queremos que pase largas noches en ella sin quejarse.
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Una cama tipo cabaña o una cama tipo casita
Las camas tipo cabaña o casita, muy de moda en estos momentos, gustan mucho a muchos niños y niñas. Existen diversos modelos (coche, castillo de princesas, cabaña con estructura hueca, etc.), de todos los tamaños. Las más pequeñas suelen medir 70 x 140 cm. La mayoría de estas camas están fabricadas en pino, con una estructura a la vista y un pequeño armazón.
Las camas tipo cabaña pueden ser un poco más elaboradas, con una estructura más fina que permite colgar visillos, guirnaldas o incluso cortinas.
A los niños les encantan este tipo de muebles, que les ofrecen a la vez un lugar para descansar, jugar y esconderse.
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Una cama con forma de barco
La cama tipo barco cuenta con barandillas altas, tanto en la cabecera como en los pies. Estos modelos tienen una estructura robusta, normalmente de madera maciza, que envuelve al niño y evita las caídas gracias a unos pequeños rebordes a lo largo de toda la cama. ¡La cama tipo barco combina seguridad y decoración náutica!
Ahora solo queda elegir el tamaño que mejor se adapte al niño, en función de su edad y del espacio disponible en la habitación.
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Una cama elevada o una cama alta
Las camas elevadas cuentan con una pequeña escalera para acceder a la zona de descanso. Estos modelos pueden tener mayor o menor altura y suelen ser un símbolo de autonomía para el niño. Por lo general, incluyen un pequeño escritorio, además de cajones o compartimentos y una estantería.
Las camas altas suelen estar reservadas para niños mayores de 6 años debido a su altura. No obstante, hay que asegurarse de que los niños se sientan cómodos con este tipo de modelos, por ejemplo, probándolas en casa de un amigo, antes de realizar cualquier inversión.
Cuando los niños pasan de la cuna con barrotes a la cama infantil (cama individual y sin barandillas), muchos padres temen que se produzcan caídas. En realidad, esto ocurre muy raramente. No obstante, para mayor tranquilidad, basta con colocar la cama contra la pared y añadirle una barrera anticaídas desmontable. Esta barrera, de tela o nailon, se desliza fácilmente bajo el colchón gracias a un brazo metálico (sin que ello suponga ningún relieve). No hay nada mejor para garantizar una seguridad óptima.
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