Dormir bien es algo que empieza desde muy temprano. Y todo comienza con un buen colchón. No solo cómodo, sino también saludable, adaptado a un cuerpo en plena evolución y respetuoso tanto con la salud como con el planeta. Esto es lo que hay que tener en cuenta antes de comprarlo.
Sujeción, transpirabilidad y fácil cuidado: los tres criterios clave
Un buen colchón para niños es cuestión de equilibrio. Si es demasiado blando, se hunde; si es demasiado duro, resulta incómodo. Esto es lo que hay que recordar:
Un colchón Kipli para niños está fabricado con látex 100 % natural, cuenta con una funda de algodón orgánico lavable, no contiene pegamento ni espuma y está fabricado artesanalmente en Europa. Una opción suave para él, pensada especialmente para vosotros.
Salud y medio ambiente: dos requisitos innegociables
Lo que respira un niño mientras duerme es tan importante como lo que come en el plato. Es mejor evitar los tratamientos químicos, las colas industriales o las espumas a base de petróleo. Un colchón certificado (p. ej., Oeko-Tex) garantiza la ausencia de sustancias nocivas.
Y en lo que respecta al planeta, los materiales sostenibles como el látex natural o el algodón ecológico son mucho más respetuosos con el medio ambiente. Su huella de carbono es mucho menor y su durabilidad, mayor.
¿Necesitas un colchón adaptable?
Algunos niños siguen utilizando el mismo colchón hasta la adolescencia. Por eso, es mejor adelantarse a los acontecimientos y optar por un colchón de 90 x 190 cm tan pronto como sea posible (excepto en el caso de las cunas con barrotes), que no se hunda con el paso del tiempo.
¿Y qué pasa con los niños alérgicos?
Las alergias respiratorias son frecuentes entre los más pequeños. Un colchón natural, sin fibras sintéticas ni tratamientos químicos, limita la proliferación de los ácaros. El látex natural es hipoalergénico por naturaleza, sin necesidad de añadirle sustancias artificiales. Además, es muy transpirable, por lo que retiene menos humedad y, por tanto, hay menos alérgenos.
