La sudoración nocturna es un fenómeno natural, generalmente benigno, que se produce como respuesta a un entorno poco adecuado para dormir, a un nuevo tratamiento médico o incluso por causas hormonales. Cuando se convierte en algo habitual , afecta negativamente a la calidad del sueño, pero también al mantenimiento de la ropa de cama, que hay que lavar con mayor frecuencia. Teniendo en cuenta que el 35 % de las personas menores de 65 años padecen sudoración nocturna, no se trata en absoluto de un problema poco frecuente. Dado que el sueño es fundamental, identificar el origen de la sudoración nocturna permite actuar rápidamente para recuperar la calidad de vida. En este artículo te ofrecemos algunas pistas y soluciones.
¿Cuáles son las principales causas de los sudores nocturnos?
Aunque la sudoración puede resultar molesta tanto de día como de noche, sigue siendo, en esencia, un fenómeno natural que permite regular la temperatura corporal, la cual debe mantenerse a 37 °C. Además, ayuda al metabolismo a eliminar toxinas y residuos como la urea o el ácido láctico. La sudoración permite, además, hidratar la piel a través de una película hidrolipídica. La sudoración la producen las glándulas sudoríparas, que suman una media de 2 millones, repartidas por toda la superficie cutánea, con una mayor concentración en los pies, las manos y las axilas. Por supuesto, sudamos cuando tenemos calor, cuando hacemos deporte o incluso si tenemos fiebre. Las razones son múltiples y forman parte de la vida cotidiana de todo el mundo. Es cuando la sudoración se vuelve excesiva y afecta a la calidad de vida cuando hay que plantearse algunas preguntas. En el caso de los sudores nocturnos, también denominados hiperhidrosis del sueño, se han identificado varias causas posibles. Hay causas relacionadas con el entorno, como una temperatura demasiado alta en el dormitorio, que hay que comprobar. A modo de recordatorio, la temperatura ideal de un dormitorio por la noche es de 18 °C.
Las causas psicológicas, como el estrés. De hecho, en momentos difíciles, de agotamiento o de temor ante un acontecimiento futuro, el estrés puede provocar un aumento de la sudoración nocturna. Es el momento ideal para darle vueltas a los problemas actuales. También hay causas físicas, entre las que destaca principalmente la apnea del sueño. Se trata de un trastorno que interrumpe la respiración en varias ocasiones. Se cree que el origen es la obstrucción de las vías respiratorias. La sensación de asfixia provoca, por tanto, sudores nocturnos.El síndrome de piernas inquietas también es una causa de sudoración, ya que provoca hormigueos que se alivian con el movimiento. En caso de consumo de platos picantes o bebidas alcohólicas, la regulación térmica corporal se ve alterada y aumenta la secreción de sudor por la noche. Esto también puede ocurrir al iniciar un nuevo tratamiento médico que pueda provocar efectos secundarios. También existen causas hormonales que afectan principalmente a las mujeres. Esto puede deberse a la menopausia o, durante el ciclo menstrual, unos días antes de la llegada de la menstruación. En los casos más graves, puede tratarse de un desequilibrio tiroideo, ya que el hipertiroidismo provoca una elevada producción de hormonas, lo que conlleva una sudoración excesiva además de otros síntomas. Además, algunos tipos de cáncer, como el linfoma o la leucemia, también pueden provocar sudores nocturnos. Pero no hay que alarmarse, ya que no son los casos más habituales. Antes de llegar a eso, algunos cambios en los hábitos pueden ayudar a dormir mejor, reduciendo este fenómeno de sudoración nocturna.
¿Qué se puede hacer para reducir la sudoración nocturna?
Si no hay otros síntomas aparte de los sudores nocturnos, una nueva rutina diaria puede ser suficiente para solucionar el problema. En primer lugar, hay que asegurarse de que la temperatura de la habitación sea la adecuada, es decir, que no haga ni demasiado frío ni demasiado calor. Hay que evitar dejar el radiador encendido en invierno y no abusar del aire acondicionado en verano, además de procurar ventilar bien la habitación cada día. En cuanto a la ropa de cama y la ropa que se lleva puesta, es recomendable optar por tejidos naturales como el lino o el algodón, que son mucho más transpirables que los sintéticos y, por lo general, tienen una mayor capacidad para absorber la humedad. En caso de estrés, ya sea debido a una situación excepcional o de forma crónica, hay que intentar incorporar ejercicios de relajación a través de la respiración o la meditación, por ejemplo. Saber desconectar al máximo de los problemas cotidianos es esencial para disfrutar de una noche tranquila. Muchas cosas dependen de la mente. No hay que olvidar cuidarse, aunque solo sea unos minutos al día. Lo ideal es que la cena sea ligera, sin picante y con alimentos fáciles de digerir. De este modo, la digestión será más cómoda y sin efectos secundarios.Si la causa parece ser el inicio de un nuevo tratamiento médico, consulta a un médico para saber si es normal y si existe la posibilidad de modificar la dosis. Por último, si el problema persiste a pesar de haber cambiado los hábitos de vida, es imprescindible consultar a un médico para determinar el origen de los sudores nocturnos.
