En un mundo en constante movimiento, nuestra mente divaga al ritmo de pensamientos repetitivos para llevar a cabo tareas pendientes, alcanzar objetivos o darle vueltas a rencores del pasado. Entre las presiones sociales y las preocupaciones del día a día, nos hemos olvidado de vivir el momento. Una carrera hacia el éxito que puede oprimirnos y llevarnos a estados de ansiedad crónica y a sufrir insomnio. Para remediarlo, la meditación de plena conciencia (o «mindfulness» en inglés) es un ejercicio cada vez más recomendado para calmar la mente y volver a conectar con lo esencial. Practicarla a diario aporta numerosos beneficios para un mayor bienestar. Pero entonces, ¿cómo sumergirse en ese estado de plena conciencia para emprender un viaje interior, quizá el más importante de nuestra vida?
La meditación forma parte de la historia de la humanidad
La meditación está presente en la mayoría de las culturas, sobre todo a través de las religiones monoteístas. Se asocia con el budismo porque , de hecho, es una práctica esencial en esta religión. Pero también está muy presente en el hinduismo, especialmente a través del yoga. No obstante, las demás religiones incorporan la oración, que es una forma de meditación, al igual que los lugares de culto, que invitan a la calma interior y al recogimiento. Y es que, en realidad, meditar no consiste solo en sentarse con las piernas cruzadas y las manos sobre las rodillas. Es una auténtica forma de vida.
Hoy en día, la meditación ya no se limita a una práctica religiosa, sino que se ha convertido incluso en una terapia curativa y se ha adoptado, entre otros ámbitos, en el mundo laboral y médico. En Francia, por ejemplo, Christophe André, psicoterapeuta, ha promovido la meditación en el marco de la psicoterapia. Además, ha escrito libros sobre este tema y participa en los medios de comunicación para hablar de sus beneficios.
Como sabemos, la mente y las emociones influyen mucho en nuestra salud. El estrés, la ansiedad y los traumas emocionales pueden provocar trastornos biológicos e incluso enfermedades graves como el cáncer. Hoy en día, la salud mental ya no es un tema tabú, y practicar ejercicios con regularidad para calmar los pensamientos negativos demasiado invasivos forma parte de la vida cotidiana de muchas personas. ¿Cómo podemos, en la práctica, alcanzar un poco más de paz interior?
El momento presente es lo único que existe de verdad
El principio es sencillo: la atención plena, como su nombre indica, consiste en concentrarse en el momento presente. Y es que la inmensa mayoría de nuestros pensamientos giran en torno a remordimientos del pasado o a listas de cosas que hacer en el futuro. Sobre todo porque nuestros pensamientos son muy similares de un día para otro, alimentando las mismas preocupaciones y mecanismos de defensa. Para contrarrestar esta rumiación diaria, que en algunos momentos puede alcanzar proporciones enormes, el momento presente se convierte en un refugio reconfortante. De hecho, son pocos los momentos en los que nos encontramos en dificultades o en peligro directo. Por lo tanto, esta rumiación anticipatoria o de remordimientos nos sumerge, a muchas personas, en un estado de ansiedad casi constante. El cuerpo se pone entonces en alerta innecesariamente, ya que no existe ninguna agresión inmediata. Así pues, el agotamiento se hace notar.
Atrapados en la rutina diaria, el objetivo es empezar a dedicar tiempo a practicar la atención plena. Estar presente en el entorno, en las sensaciones físicas y en las personas que nos rodean para calmar la mente. La práctica de la meditación de atención plena está al alcance de todos y no requiere ninguna habilidad especial para empezar.
El viaje interior: ¿cómo se practica y cuáles son sus beneficios?
Para empezar a meditar, nada más sencillo: empieza con unos minutos, a ser posible por la mañana al despertarte para comenzar el día con serenidad, o bien por la noche para ayudarte a conciliar el sueño. En posición sentada o tumbada, según lo que te relaje más, y a ser posible en un entorno tranquilo. Para volver a centrarte en ti mismo, la respiración se convierte en la guía principal del ejercicio, lo que , además, también ayuda a relajarse si es profunda. Siente el aire al inspirar y al espirar, y si la mente divaga, es normal. En ese caso, vuelve a la respiración y a las sensaciones corporales. Puedes cerrar los ojos o fijar la mirada en un punto concreto. Se trata entonces de aceptar lo que es sin juzgar y dejar que los pensamientos pasen como nubes. Existen meditaciones denominadas «guiadas» a través de aplicaciones o vídeos de YouTube. La ventaja es que hay donde elegir y los temas son interesantes: exploración corporal, respiración consciente, visualizaciones. O incluso música muy suave que ayuda a relajarse. Hay que probarlas y ver cuál te va mejor.
Estar en el momento presente es un ejercicio que se va haciendo más fácil con el tiempo; el cerebro es como un músculo que hay que entrenar. Por eso es importante la constancia. Sin embargo, debe ser algo agradable, así que no te fijes expectativas concretas, ya que podrías llevarte una decepción y acentuar tu frustración. No es una competición. Así que, si tu mente está muy agitada en un momento concreto, no te juzgues. Simplemente haz lo mejor que puedas en ese instante.
Las ventajas de practicar la meditación de forma habitual son numerosas: reducción del estrés y la ansiedad, una mejor concentración en general y muchos otros beneficios que permiten actuar de forma preventiva sobre la salud física y mental.
Por último, disfrutarás plenamente de la vida estando lo más presente posible en el día a día, ya que verás que esa desaceleración de la mente da paso a un estado de presencia más neutro y sereno.
