Los especialistas en ropa de cama ofrecen numerosos modelos de almohadas: cada persona debería encontrar el modelo que mejor se adapte a sus necesidades. Si bien para los adultos contar con una almohada adecuada garantiza un sueño de calidad, una comodidad óptima y una buena postura, no ocurre lo mismo con todos los niños.
Los niños solo pueden dormir con una almohada a partir de cierta edad, sin que ello ponga en peligro su seguridad ni su salud. Cuando tu hijo empiece a necesitar una almohada, no debes descuidar en absoluto la elección del modelo adecuado. El relleno, la firmeza, la forma o incluso el tamaño: todos ellos son factores que influyen en la calidad de la almohada y en la comodidad que podrá ofrecer cada noche a su hijo. Le orientamos en la elección de la almohada ideal.
¿A qué edad puede un niño dormir con una almohada?
Aunque a algunas personas les ayuda a dormir mejor, la almohada no es un elemento imprescindible de la ropa de cama para todo el mundo. Si bien no aporta ningún beneficio para la comodidad al dormir de un niño pequeño (entre 18 meses y 3 años), resulta incluso peligrosa para un bebé (de 0 a 18 meses aproximadamente), ya que, entre otras cosas, puede suponer un riesgo de asfixia.
Muchos niños duermen con almohada a partir de los 3 años aproximadamente, pero no hay una edad concreta: cada niño se desarrolla a su propio ritmo y se comporta de forma diferente. No obstante, hay algunos indicios que deberían indicarte que tu hijo ya debería usar una almohada, por ejemplo, si se mueve mucho mientras duerme y cambia de postura con frecuencia, o si sus hombros empiezan a ensancharse.
Cuando llegue el momento, tendrás que elegir bien el modelo de almohada que mejor se adapte a la complexión y a las necesidades de tu hijo. Esta almohada se podrá combinar entonces con otros elementos de la ropa de cama, que tampoco se recomendaban cuando era un bebé: un edredón, una sábana bajera, un cojín, un peluche, etc.
¿Qué tamaño y qué forma hay que elegir para una almohada infantil?
Dado que las necesidades de los niños son diferentes a las de los bebés o los adultos, los criterios para elegir una almohada no son los mismos a los que estás acostumbrado.
Una almohada para niños debe ser muy plana: una altura de entre 3 y 7 centímetros es ideal para la comodidad del niño. Si supera estas medidas, la almohada resultaría incómoda para el niño, que no disfrutaría de un sueño reparador y podría sufrir dolores cervicales y de espalda.
Dado que el cuerpo de los niños crece rápidamente, tendrás que cambiarle la almohada con frecuencia. Cuanto más crece el niño, más se le ensanchan los hombros: en ese caso, se puede optar por una almohada más gruesa y mullida.
En cuanto a la forma de la almohada infantil, es mejor optar por una almohada rectangular. Por lo general, las almohadas rectangulares para niños miden 40 x 60 centímetros. Esta forma evita que los hombros queden demasiado elevados y favorece la alineación de la columna vertebral. Además, una almohada rectangular es más adecuada para los niños que tienden a moverse mucho mientras duermen, ya que les ofrece mayor libertad de movimiento.
Material y firmeza: ¿qué relleno es el más adecuado?
La elección entre materiales naturales o sintéticos
La calidad de la almohada depende, en parte, de los materiales con los que está fabricada. Por lo tanto, es importante comprender y comparar las ventajas y los inconvenientes de cada material que se puede utilizar para el relleno de la almohada. Entre los materiales más habituales utilizados en el relleno de las almohadas se encuentran:
- el poliéster;
- la espuma viscoelástica;
- el plumón o las plumas (de oca o de pato);
- el látex natural o sintético.
Las almohadas fabricadas con materiales sintéticos (poliéster y espuma viscoelástica) son las más populares, debido a su precio más asequible y a su amplia disponibilidad en el mercado de la ropa de cama.
Sin embargo, las almohadas rellenas de fibras sintéticas no permiten una buena circulación del aire: tienden a retener el calor, la humedad y los malos olores. Por lo tanto, este tipo de almohadas favorecen la proliferación de bacterias y ácaros, lo que podría provocar una reacción alérgica en el niño.
Si eliges una almohada de material sintético, es imprescindible que tenga una funda extraíble para poder lavarla a máquina, ya que la almohada en sí no se puede lavar a máquina sin que se deforme.
Debido a la comodidad, la suavidad y la transpirabilidad que aportan, los rellenos y las fundas de materiales naturales son perfectos para las almohadas infantiles. En cuanto a la funda de la almohada, es preferible que también esté fabricada con fibras textiles naturales, a ser posible de algodón ecológico.
En cualquier caso, la almohada que se coloque en la cama de tu hijo debe cumplir con las normas europeas, lo cual se acredita mediante el marcado CE en la etiqueta del producto. Lo ideal es que la almohada también cuente con la certificación Oeko-Tex: una garantía de que las sustancias nocivas utilizadas en sus procesos de fabricación no superan los límites reglamentarios.
La elección del grado de firmeza de la almohada
Para que tu hijo disfrute de una comodidad óptima y evitar los puntos de presión, la almohada debe ser lo suficientemente mullida, independientemente de la posición en la que duerma. Sin embargo, una almohada demasiado mullida no permitiría una buena sujeción de las cervicales, sobre todo a medida que tu hijo crezca.
¿Es mejor elegir una almohada clásica o una almohada ergonómica?
Esta elección depende sobre todo de los hábitos nocturnos de tu hijo: en función de la postura en la que duerma, podrás elegir la almohada más adecuada. Un niño puede dormir:
- boca abajo; en ese caso, no necesita almohada, a menos que sea muy plana (como máximo 3 centímetros de grosor);
- si se duerme boca arriba, es imprescindible utilizar una almohada de entre 3 y 7 centímetros de grosor para mantener bien la nuca;
- Si duermes de lado, la almohada puede ser un poco más gruesa, quizá ergonómica.
Una almohada ergonómica ofrece más comodidad que una almohada convencional: se adapta a la forma de la cabeza de tu hijo para que disfrute de noches más reparadoras. Sin embargo, esto solo es posible si tu hijo mantiene la misma postura al dormir durante toda la noche.
Ya sea clásica o ergonómica, la almohada que elijas para tu hijo debe adaptarse a su complexión y a sus necesidades. Un niño de 5 años no tendrá las mismas necesidades que uno de 10, por lo que tendrás que cambiarle la almohada cada 2 o 3 años.
Te recomendamos estas otras páginas:
- Cómo elegir una almohada ergonómica
- ¿Debería elegir una almohada viscoelástica?
- Cómo elegir una almohada cervical
- ¿Cómo elegir una almohada para un bebé?
- Cómo elegir una almohada ortopédica
- ¿Es mejor elegir una almohada firme?
- ¿Cómo elegir una almohada plana?
- ¿Cuándo conviene elegir una almohada de plumas?
- ¿Qué tamaño de almohada debo elegir?
