El verano es la estación de las actividades al aire libre, de los días largos, de la luz que se prolonga y de las tardes que se alargan. Pero las noches se resisten. El calor nocturno es una de las causas más frecuentes de los trastornos del sueño y, sin embargo, una de las que menos se abordan. Damos vueltas en la cama, apartamos el edredón, nos despertamos sudando a las 3 de la madrugada y nos levantamos cansados a pesar de las horas que hemos pasado en la cama. No es una cuestión de voluntad. Es biología.
¿Por qué el calor perturba el sueño?

El calor del verano, tan agradable durante el día, se convierte en un verdadero obstáculo por la noche. Las noches calurosas provocan dificultades para conciliar el sueño, despertares nocturnos frecuentes y una sudoración excesiva que fragmenta los ciclos del sueño. El resultado: se duerme, pero no se descansa de verdad.
El verano intensifica este fenómeno de tres maneras simultáneas: las noches siguen siendo cálidas mucho tiempo después de la puesta de sol, la humedad ambiental hace que la sudoración sea menos eficaz para enfriar el cuerpo y la luz prolongada retrasa de forma natural la secreción de melatonina, la hormona que induce el sueño. La combinación de estos tres factores explica por qué las noches de verano son tan difíciles para recuperarse.
Temperatura corporal y ciclo de vigilia-sueño
La temperatura corporal desempeña un papel fundamental en la regulación del ciclo de vigilia-sueño. Para conciliar el sueño, el cuerpo debe reducir su temperatura interna entre 0,5 y 1 °C aproximadamente. Este proceso es automático, pero depende directamente de la temperatura ambiente. Cuando la habitación está demasiado caliente, al cuerpo le cuesta disipar el calor interno, se retrasa la conciliación del sueño y las fases de sueño profundo se vuelven más cortas y fragmentadas.
17–19 °C: temperatura ideal del dormitorio para un sueño reparador
−1 °C: descenso de la temperatura corporal necesario para conciliar el sueño
> 24 °C: umbral a partir del cual el sueño profundo se reduce de forma significativa
Cuando el calor nocturno impide ese descenso de temperatura, el cuerpo tiene que esforzarse activamente para enfriarse, lo que consume energía y mantiene al sistema nervioso en un estado de vigilia parcial. El sueño REM, esencial para la memoria y la regulación emocional, también se ve alterado. Las noches calurosas suelen dejar una sensación de cansancio persistente al día siguiente, incluso después de varias horas de sueño.
Regular la temperatura de la habitación

El primer paso para dormir mejor en verano es considerar el dormitorio como un espacio térmico en sí mismo, y no como una habitación que sufre pasivamente el calor exterior.
Cierra el día, abre la noche
Mantén las contraventanas y las cortinas cerradas durante las horas más calurosas del día. Este sencillo hábito puede reducir la temperatura interior en varios grados, al evitar el efecto invernadero solar. Por la noche, en cuanto la temperatura exterior baje por debajo de la interior —a menudo después de las 21:00-22:00 en verano—, abre las ventanas para crear una corriente de aire que atraviese la habitación. Así, la habitación recuperará rápidamente una temperatura propicia para dormir.
El ventilador: un aliado mal utilizado
Un ventilador no enfría el aire, sino que lo desplaza. Para que sea eficaz, orienta el ventilador de manera que cree una corriente de aire sobre tu cuerpo, en lugar de hacer circular el calor por la habitación. Si lo colocas delante de una ventana abierta por la noche, aspirará el aire fresco del exterior y acelerará el enfriamiento de la habitación. El ruido blanco que genera también puede tener un efecto relajante que facilita conciliar el sueño.
Ropa de cama natural: el edredón de verano marca la diferencia

El edredón suele ser la primera medida que hay que tomar para dormir mejor en verano y, sin embargo, la mayoría de la gente duerme todo el año con el mismo edredón de invierno. Un edredón de verano ligero, fabricado con materiales naturales transpirables, regula mucho mejor la temperatura corporal que un edredón sintético o uno para todas las estaciones demasiado grueso.
El algodón ecológico, el lino y los rellenos de plumón natural ligero evacuan la humedad y regulan el calor de forma natural, sin provocar la sensación de sofoco que producen los rellenos de poliéster. Para quienes sudan mucho por la noche, una sábana de lino o de algodón lavado sin tratar suele ser suficiente en pleno verano, y basta con colocar el edredón a los pies de la cama para las mañanas frescas.
Edredón de verano de algodón ecológico con relleno natural ligero
Lino lavado, algodón orgánico, satén natural transpirable y suave
Colchón de látex natural ventilado con regulación térmica natural
Almohadas de látex natural transpirables, sin tratamientos químicos
El colchón y el calor: los colchones de espuma de poliuretano retienen el calor corporal y provocan una acumulación térmica durante la noche. Un colchón de látex natural, gracias a su estructura alveolar abierta, permite que el aire circule a través del relleno y regula de forma natural la temperatura al dormir, lo que supone una diferencia apreciable durante las noches de verano.
7 consejos para dormir mejor cuando hace calor
1. Cierra las contraventanas y las cortinas durante todo el día
Es la medida más eficaz y que menos cuesta. Una habitación bien protegida del sol durante el día puede mantenerse entre 4 y 6 °C más fresca que una expuesta al sol. Abre las ventanas en cuanto la temperatura exterior sea inferior a la interior.
2. Date una ducha tibia antes de acostarte
Al contrario de lo que se suele creer, una ducha fría estimula el cuerpo y puede retrasar el momento de conciliar el sueño. El agua tibia ayuda a reducir progresivamente la temperatura corporal, lo que facilita la transición hacia el sueño. Es uno de los rituales mejor documentados para mejorar la calidad del sueño en verano.
3. Cambia el edredón según la estación del año
Un edredón de verano fabricado con materiales naturales transpirables —algodón orgánico, lino y plumón ligero— regula mucho mejor la temperatura que un edredón sintético para todas las estaciones. Este simple cambio mejora significativamente la calidad del sueño de las personas que sufren de calor al dormir.
4. Hidrátate con regularidad a lo largo del día
Una buena hidratación durante el día ayuda al organismo a regular la temperatura corporal de forma más eficaz por la noche. Evita el alcohol por la noche, ya que, aunque facilita conciliar el sueño al principio, fragmenta el sueño durante la segunda parte de la noche, un efecto que se ve amplificado por el calor.
5. Evita las comidas pesadas y picantes por la noche
La digestión aumenta la temperatura corporal durante varias horas. En verano, una cena ligera e hidratante a base de verduras, fruta y proteínas magras facilita conciliar el sueño y reduce los despertares nocturnos provocados por el calor interno.
6. Mantén unos horarios regulares para acostarte
El verano altera de forma natural los ritmos circadianos: las tardes se alargan y la hora de acostarse se retrasa. Mantener horarios estables, incluso los fines de semana, ayuda al reloj biológico a segregar melatonina en el momento adecuado y facilita conciliar el sueño a pesar del calor.
7. Ponte ropa de dormir de tejidos naturales
El algodón ecológico y el lino evacuan la humedad y permiten que la piel respire. Evita los tejidos sintéticos en la ropa de cama y la ropa de dormir, ya que retienen el calor y aumentan la sudoración nocturna.
Gestión del calor durante el día

Dormir bien en verano también depende de lo que hagamos durante el día. Evita las actividades físicas intensas durante las horas más calurosas, ya que el ejercicio intenso aumenta la temperatura corporal y se necesitan varias horas para que vuelva a bajar. Opta por actividades suaves por la tarde o a primera hora de la mañana, cuando el calor es soportable y el esfuerzo físico no provoca un pico de temperatura que pueda perturbar el sueño.
En cuanto a la ropa, elige tejidos ligeros, holgados y transpirables, como el algodón, el lino o el bambú. Estos materiales permiten que la piel transpire de forma natural y mantienen una temperatura corporal más estable a lo largo del día, lo que reduce la carga térmica que el cuerpo debe gestionar al llegar la noche.
En resumen, dormir mejor en verano se basa en un principio sencillo: ayudar al cuerpo a refrescarse de forma natural. Una habitación a oscuras durante el día y ventilada por la noche. Una ducha tibia antes de acostarse. Un edredón de verano de materiales naturales transpirables. Horarios regulares a pesar de que las tardes se alargan. Y ropa de cama que no retenga el calor: la elección del colchón y del edredón marca una diferencia real en la calidad del sueño en verano.
Kipli, por supuesto.
Redactado por el equipo de Kipli, especialistas en ropa de cama natural desde 2018. Este artículo se basa en datos de cronobiología y medicina del sueño.
