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Todo empieza por la salud - El Día Internacional de la Salud - Kipli

Todo empieza por la salud: el Día Internacional de la Salud

Si hay algo que realmente valoramos, es la salud. Esta depende, entre otras cosas, de la satisfacción de las necesidades básicas: beber y alimentarse, hacer sus necesidades, dormir y sentirse seguro. Aunque para la mayoría de los occidentales estas son cosas que se dan por sentadas, lamentablemente no es así en todas partes.

El 7 de abril se celebra el Día Mundial de la Salud, cuyo lema para 2022 es«Nuestro planeta, nuestra salud». Es una ocasión para poner de relieve el estrecho vínculo que une a los seres humanos con la Tierra; ya que preservar el medio ambiente ayuda a preservar la salud y, a la inversa, actuar en favor de la salud suele ir de la mano de actuar en favor del planeta. Un recordatorio importante que se hace eco de los distintos informes del IPCC sobre la crisis medioambiental que se avecina… Aquí encontrarás algunas ideas para llevar un estilo de vida más saludable, ético y responsable, beneficioso para todos.

La contribución del colibrí: cada acción cuenta

Seguramente conocéis la leyenda amerindia del colibrí que ayuda a apagar un incendio forestal llevando gotitas de agua con su pico. Evidentemente, este acto aislado parece totalmente insignificante frente a un incendio. Pero si se suman más personas, las gotitas se convierten en un charco, luego en un lago, luego en un mar y en un océano… Es gracias a la acción conjunta como las cosas cambian. Es mejor una mayoría de pequeños gestos que una minoría de actos más importantes. De hecho, eso es lo que recomienda el último informe del IPCC: un estilo de vida más sobrio y la puesta en práctica de acciones individuales.

El 7 de abril es el Día Mundial de la Salud, fecha en la que también se conmemora la creación dela Organización Mundial de la Salud el 7 de abril de 1948. Cada año se destaca un tema y, en 2022, se establece un vínculo entre el planeta y la salud. La contaminación del aire y del agua, los alimentos ultraprocesados y el cambio climático son temas que afectan a nuestra salud a corto, medio o largo plazo. ¡La buena noticia es que aún podemos actuar! Hay diferentes hábitos que podemos adoptar, y que son menos restrictivos de lo que creemos.

Cocinar en casa para recuperar el control sobre la alimentación

Es cierto que no es fácil preparar buenos platos a diario cuando uno está atrapado en una rutina que requiere mucho tiempo. Sin embargo, recuperar el control sobre la propia alimentación es un paso importante…

La clave: organizarse mejor. Existen diferentes métodos para ahorrar tiempo en la cocina. Seguro que has oído hablar del «batch cooking», ¿verdad? Consiste en reservar un rato a lo largo de la semana para adelantarte en la preparación de las comidas, sobre todo en lo que respecta a las guarniciones (cocción de verduras, féculas, preparación de gratinados, salteados…). Las ventajas son múltiples: menos comida precocinada, comidas más equilibradas y un mayor ahorro.

Cocinar tus propios platos también supone un consumo responsable: la lista de la compra se prepara con antelación en función de los platos que se vayan a preparar, y el hecho de «hacerlo en casa» anima a elegir frutas y verduras de temporada (en verano no se encuentra calabaza en los puestos y los tomates saben mucho menos bien en invierno).

De este modo, se apoya a los pequeños productores y se reduce la huella de carbono.

Por otra parte, reducir el consumo de carne es también una medida beneficiosa para la salud —sobre todo para prevenir las enfermedades cardiovasculares — y para el medio ambiente, ya que la producción de carne representa el 37 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

A través de lo que comemos, tenemos, por tanto, el poder de combinar el placer y la salud, al tiempo que cuidamos del planeta.

Fomentar la moderación para comprar solo lo imprescindible

Desde el auge del comercio electrónico, nunca antes se nos había incitado tanto a consumir productos de los que podríamos prescindir. Ya sea una prenda que permanece desesperadamente nueva en el armario, un artilugio de cocina o incluso objetos decorativos que no son más que acumuladores de polvo, todos tenemos objetos sin usar en casa. Todo ello supone más envases de plástico, más residuos y más envíos que se suman al impacto medioambiental. Deshacerse de lo superfluo es más que un hábito, es un concepto filosófico. Por retomar el título del libro de Pierre Rahbi: «Hacia la sobriedad feliz», para centrarnos en lo esencial.

Esto encaja con el minimalismo, que consiste en desprenderse cada vez más de lo material para tener una mente más ligera. Y es que lo material supone una cierta carga mental, además de ocupar espacio y abarrotar nuestros hogares. Limitar el consumo a los productos que realmente nos son útiles permite romper con el círculo vicioso del consumo excesivo. Elabor s listas y seguir un presupuesto mensual según las categorías de necesidades ayuda a liberarnos de lo superfluo. No hay necesidad de privarse de nada cuando el consumo es razonable.

Materias primas y naturales, en casa y en el propio cuerpo

Cada año se venden nada menos que 100 000 millones de prendas en todo el mundo. La inmensa mayoría de ellas están fabricadas con materiales sintéticos: poliéster, acrílico, viscosa o incluso algodón, que no siempre es ecológico y cuya producción representa el 2 % de las emisiones de gases de efecto invernadero, lo que supone una catástrofe ecológica… Por no hablar de las condiciones laborales de los trabajadores que participan en esta gigantesca producción de ropa.

Lo que hay que hacer, siempre que sea posible, es optar por tejidos naturales y sin tratar, como el algodón ecológico o el lino. La ropa saludable durará más tiempo y, sobre todo, resultará mucho más agradable de llevar, tanto por su suavidad (que a menudo mejora con los lavados), como por su ligereza en verano o su calidez en invierno, pero también por su gran transpirabilidad (a diferencia de las prendas sintéticas, que hacen sudar).

¡El mobiliario también tiene un papel importante que desempeñar! Entre pinturas, pegamentos, polvo y ácaros… Influye especialmente en la calidad del aire interior. Al elegir materiales poco procesados, como la madera maciza (y, a ser posible, madera local), se opta por la salud y la sostenibilidad. Esto contribuye a reducir la contaminación interior, pero también a limitar su impacto medioambiental.

En KIPLI, ofrecer productos naturales y éticos es una forma de contribuir, a nuestra escala, a la protección del planeta. Nuestros muebles, ropa de cama y ropa de hogar están diseñados para durar, respetando a las personas y al medio ambiente. Trabajamos con artesanos locales y apasionados, que comparten nuestros mismos valores.

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