Reducir el consumo general es un reto ecológico fundamental que nos concierne a todos. De hecho, todo el mundo debe actuar para limitar su impacto en el medio ambiente. Según el Ministerio de Transición Ecológica, durante el año 2018 se registraron 343 millones de toneladas de residuos (de todo tipo), con una media de 582 kg por habitante. Francia se ha fijado el objetivo de reducir la cantidad de residuos a 501 kg por habitante de aquí a 2030. Aunque vamos ligeramente por detrás de nuestros vecinos alemanes en la aplicación del reciclaje de residuos domésticos, hay muchas opciones disponibles y las alternativas naturales se multiplican. A continuación, te ofrecemos una lista de buenas prácticas fáciles y rápidas de adoptar para reducir la cantidad de residuos que se tiran a diario y consumir de forma más responsable.
1/ Clasificar y organizar la vivienda
El primer paso consiste en ordenar tus cosas con regularidad. Ya sea en la cocina o en los armarios, solemos tener tantas cosas que acabamos olvidándonos de ellas. Ya se trate de utensilios de cocina, objetos decorativos o incluso ropa, recuperar el control sobre la organización de tu hogar te permite ver con más claridad lo que realmente necesitas sin tener que comprar nada nuevo. Por otro lado, hacer una selección para donar lo que no usamos o ya no necesitamos también resultará beneficioso. Así, una vez que el espacio de la vivienda esté ordenado y organizado a tu gusto, te proporcionará una satisfacción que reducirá el impulso de comprar.
2/ Sustituir los productos de un solo uso
Los países de la Unión Europea generan, de media, 25 millones de toneladas de residuos plásticos al año. Desde 2017, están prohibidas las bolsas de plástico de un solo uso y, desde 2021, la prohibición se ha ampliado para incluir numerosos productos de plástico, como: bastoncillos de algodón, palillos para remover el café, cubiertos... Pero estos han sido sustituidos por otros productos desechables, como los de bambú, por ejemplo. Aunque el impacto medioambiental es menor, siguen siendo residuos. Por eso, optar por alternativas más sostenibles es una solución a largo plazo. Los bastoncillos de algodón, por ejemplo, pueden sustituirse por un oriculi. Los cubiertos de acero inoxidable de tamaño reducido son perfectos para llevarlos al trabajo o a un picnic. Los discos desmaquillantes también tienen su alternativa ecológica: los discos reutilizables de algodón ecológico. En cuanto a los productos de higiene íntima, la copa menstrual y las braguitas menstruales no solo son sostenibles, sino también más saludables para tu cuerpo que los productos clásicos. Por último, en la cocina también hay opciones para todos los gustos. El papel de horno se puede sustituir por alfombrillas de silicona reutilizables. Lo mismo ocurre con el rollo de papel de cocina de bambú, que es lavable. Por último, la esponja para fregar los platos y la encimera se puede cambiar por un cepillo de madera y un paño de microfibra.
En general, cuando se renueva un producto de forma periódica, lo primero que hay que hacer es preguntarse: ¿Existe alguna alternativa ecológica y más sostenible?
3/ Comprar muebles sostenibles
Siguiendo la línea del punto anterior, comprar muebles de forma sostenible, apostando por materiales de gran calidad, es la garantía de mantenerlos en buen estado e incluso de transmitirlos de generación en generación. Y es que algunos pueden durar más de una vida, como es el caso, por ejemplo, de los muebles de madera maciza. Fáciles de mantener, ofrecen una robustez sin igual, además de aportar un encanto auténtico a tu decoración interior. Además, muchos artesanos trabajan las materias primas para convertirlas en piezas excepcionales, lo que supone una oportunidad para apoyarlos. Es cierto que el precio es más elevado que el que se encuentra en las grandes superficies, pero se trata de una inversión en un producto duradero. Lo mismo ocurre con los colchones: los precios varían enormemente, y comprar un colchón de más de 1.000 euros parece una locura en comparación con lo que se encuentra en el mercado. Sin embargo, su calidad y su vida útil son igualmente diferentes. Algunos materiales, como el látex natural , pueden incluso reciclarse al final de su vida útil. Por lo tanto, en este aspecto es importante comprender que el precio por sí solo no siempre debe influir en nuestras decisiones, ya que la calidad de la fabricación y de los materiales resulta más interesante a largo plazo.
4/ Prolongar la vida útil de los productos
Ya se trate de electrodomésticos, vajilla o ropa, cuidar bien de nuestras cosas permite prolongar su vida útil. A pesar de la obsolescencia programada, es posible conservar los objetos durante más tiempo si se respetan las instrucciones de uso. Por ejemplo, en lo que respecta a la ropa, es imprescindible leer bien las etiquetas para saber cómo cuidarla en función del tejido y el color, a fin de mantenerla en buen estado durante años. En caso de que se produzca un agujero o un desgarro, con unos pocos puntos de costura se puede dejar como nueva, o incluso se puede optar por llevarla a un taller de arreglos. Un teléfono móvil puede utilizarse más de tres años sin problemas si cuenta con una carcasa adecuada que lo proteja en caso de caída y si se cuida bien la batería. En Japón, el kintsugi es una técnica que consiste en reparar la vajilla rota de cerámica o porcelana mediante laca y polvo de oro. Una fuente de inspiración para dar un encanto diferente a la vajilla o a los jarrones rotos.
Conservar los objetos durante más tiempo supone un ahorro de dinero y también es beneficioso para el medio ambiente, en una época en la que la renovación resulta más fácil gracias a la gran cantidad de tiendas físicas y online. Más información aquí.
5/ Segunda vida o de segunda mano
Es posible dar una segunda vida a muchos objetos transformándolos en trapos, cajas, elementos decorativos… En la era del «DIY» (Do It Yourself), el único límite es la imaginación. Y si ya no necesitamos un producto, donarlo o revenderlo hará feliz a otra persona.
El mercado de segunda mano no deja de ganar adeptos cada año. Es una oportunidad para hacer buenas compras o encontrar objetos vintage con los que dar un toque personalizado a la decoración o al estilo personal. El mercado de segunda mano en Francia mueve 7.000 millones de euros, y se estima que 7 de cada 10 personas compran ropa de segunda mano. El éxito de páginas web como Vinted no hace más que confirmar esta tendencia. Sin embargo, esto no debe tener el efecto contrario, es decir, dar ganas de comprar más a precios bajos.
Esto resulta interesante cuandose busca un producto específico que realmente se necesita y que se puede encontrar a un precio imbatible en una web de segunda mano o de venta entre particulares. También están los mercadillos y las ferias de antigüedades, que están llenos de tesoros. Ir de compras a mercadillos se ha convertido en una afición que atrae cada vez a más adeptos. Ir a Emmaüs se ha puesto incluso de moda para encontrar libros o vajilla.
6/ Compras ecológicas y cocina organizada
La cocina es, sin duda, el lugar donde más desperdicio y residuos se generan habitualmente. Es normal, ya que los alimentos se renuevan con frecuencia. El «batch cooking» es una forma de organizar las comidas de la semana, que suelen prepararse con antelación el domingo, en unas 2 o 3 horas. De este modo, se tiene una visión clara de qué comer durante 7 días. Esto permite elaborar una lista de la compra y preparar lo más voluminoso de una sola vez: cortar las verduras, cocinar al horno, en cacerola o en sartén, técnicas de conservación... La organización de la cocina pasa por la comida casera y el conocimiento de los productos para consumirlos antes de que caduquen. Más saludable y económica, la cocina casera y organizada con antelación permite un mejor control del consumo, además de limitar el desperdicio.
A la hora de hacer la compra, dar prioridad a los productos frescos y secos a granel es una de las claves para reducir al máximo el plástico de los envases. Para ello, lleva tus propias bolsas reutilizables de tela o tus tarros de cristal. Por último, es recomendable ir a comprar con el estómago lleno para no caer en la tentación de comprar lo que no se necesita por puro capricho. Evidentemente, darse un capricho es esencial, pero las compras compulsivas también se dan en el ámbito alimentario.
En resumen, hay muchísimas alternativas posibles para adaptar nuestro consumo y avanzar hacia el objetivo de cero residuos. ¿Y tú, cuál es tu truco favorito? ¡No dudes en compartir con nosotros tus buenos hábitos!
