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Huella ecológica: qué es y por qué también depende de la elección del mobiliario de tu habitación - Kipli

Huella ecológica: qué es y por qué también depende de la elección del mobiliario de tu habitación

Hoy hablamos de la huella ecológica, un concepto introducido hace al menos treinta años, pero que para muchos sonará un poco como un neologismo. No se trata de una cuestión meramente terminológica: hasta ahora, de hecho, se ha hablado de presión antrópica, casi como si se tratara de un ámbito de análisis y reflexión destinado únicamente a los expertos del sector. Quizá haya llegado el momento de hablar de ello de la forma más comprensible posible. Porque no son cuestiones que solo interesen a los ecologistas. La presencia del ser humano en el planeta Tierra se ha vuelto cada vez más invasiva, hasta el punto de llegar a alterar los hábitats naturales e influir en los ciclos biológicos de los ecosistemas marinos y terrestres.

Huella ecológica - Ecological Footprint

¿Por qué hablamos, pues, de la huella ecológica? Para intentar definir la cantidad de capital natural necesaria para sustentar el crecimiento y la supervivencia de la población mundial.

El Homo sapiens sapiens y su particular estilo de vida tienen un impacto medioambiental cada vez más significativo. Solo se trata de cuantificar su alcance real para poder, al menos, controlar los parámetros del cambio que se está produciendo.

Sin embargo, hacer un seguimiento de la huella ecológica no es tarea fácil. En los últimos años, los datos varían constantemente y, por eso, los estudios al respecto cobran aún más relevancia.

Porque conocer cada dinámica en particular puede aportar ideas muy útiles a la hora de cambiar los hábitos personales y la forma de tomar decisiones.

¿De dónde proviene el término «huella ecológica»?

Vale, pero ¿qué es exactamente la huella ecológica? Para entender mejor este concepto, demos un salto atrás en el tiempo. Era 1990 y Mathis Wackernagel, un investigador suizo que cursaba un doctorado en la Universidad de Columbia Británica, introdujo por primera vez el término «huella ecológica» en sus publicaciones académicas. Tras licenciarse en ingeniería mecánica, Wackernagel se estaba especializando en planificación comunitaria y regional. Con la ayuda de su director de tesis, el profesor William Rees, tuvo desde el principio las ideas claras: era necesario introducir en el debate público (no solo en el científico) un indicador de sostenibilidad lo más completo posible. Un indicador capaz de tener en cuenta, por un lado, las demandas de abastecimiento de recursos naturales por parte del ser humano y, por otro, las posibilidades y la riqueza que ofrece la naturaleza.

En definitiva, la huella ecológica es aquel parámetro que mide la oferta y la demanda de la naturaleza.

Huella ecológica y biocapacidad

Con el paso de los años, el término «huella» se ha convertido en sinónimo de la medición del comportamiento humano y de su impacto.

Este concepto se describe y explica en el libro *Our Ecological Footprint: Reducing Human Impact on the Earth*. Se trata de un libro publicado en 1996 que parte de la noción de biocapacidad. Para poder explicar correctamente la idea en la que se basa la huella ecológica, hay que partir primero del concepto de biocapacidad.

Definición de biocapacidad

La biocapacidad es la capacidad biológica de un ecosistema o, mejor aún, la cantidad de recursos naturales que un ecosistema es capaz de poseer y producir. Esto incluye también la capacidad de ese mismo ecosistema para absorber los residuos que genera.

Detrás del concepto de biocapacidad hay que tener en cuenta el papel del ser humano. El ser humano aprovecha un porcentaje considerable de recursos naturales para sí mismo. Al hacerlo, al mismo tiempo, vierte en el medio ambiente una gran cantidad de residuos, entre los que se incluye también el dióxido de carbono.

Siguiendo nuestra línea de simplificación, es posible reducir estos conceptos a lo esencial. Afirmando que la huella ecológica constituye una especie de demanda que el ser humano expresa con el fin de sobrevivir. Por el contrario, la biocapacidad constituye la oferta presente en la naturaleza destinada a satisfacer dicha demanda.

Cálculo de la huella ecológica: la importancia de un dato difícil de obtener

Partamos de la base de que calcular la huella ecológica no es tan sencillo. Sin embargo, esta operación resulta fundamental para avanzar en la dirección correcta: la que lucha por la protección del medio ambiente. Con la conciencia de que proteger el medio ambiente significa garantizar un futuro para el ser humano.

El cálculo de la huella ecológica resulta, por tanto, útil para extraer una serie de conclusiones y aprovechar las oportunidades de conocimiento que ofrece esta herramienta. En otras palabras, tal y como sostiene el propio Wackernagel, debemos ser al menos conscientes de los límites que tiene el planeta Tierra y de la escasez de recursos. Cuando entramos en «overshoot», es decir, cuando hay un exceso de demanda respecto a la capacidad real de oferta, la Tierra no dispone del tiempo necesario para poner en marcha el proceso de regeneración.

El cálculo de la huella ecológica es, por lo tanto, un dato útil precisamente por el proceso que supone. Porque permite reflejar el agotamiento de los recursos naturales del planeta en el momento actual, en relación con determinados niveles de consumo.

Se ha calculado que, ya desde 2014, el ser humano utiliza los recursos biológicos disponibles en la naturaleza 1,7 veces más de lo que podría. O mejor dicho, de lo que debería. De hecho, si realmente decidimos que nuestros hijos, nietos y bisnietos también tengan derecho a vivir en la misma tierra en la que hemos vivido nosotros, deberíamos tomarnos muy en serio esta cuestión.

Mantener el equilibrio entre la oferta y la demanda debe ser algo más que una propuesta que se hacen entre sí los gobernantes. En otras palabras, la ambición de dejar a las generaciones futuras un ecosistema saludable solo se traducirá en acciones concretas para el desarrollo sostenible si existe una responsabilidad generalizada, arraigada en el sistema legislativo, empezando por el mundo occidental.

En la actualidad, cada doce meses consumimos más de una Tierra y media en términos de recursos. La naturaleza no da abasto ante la voracidad humana.

Cálculo de la huella ecológica: de lo global a lo local

El cálculo de la huella ecológica no se limita exclusivamente a la estimación del uso de los recursos naturales a escala mundial. Este parámetro podría aplicarse perfectamente al análisis de los datos de una muestra concreta elegida, por ejemplo, una región, un país, una explotación agrícola e incluso un individuo concreto.

Lo mismo puede decirse de la cuantificación de la capacidad biológica de un ecosistema concreto.

De hecho, un factor importante que hay que tener en cuenta es la extrema variabilidad de estos indicadores.

Los distintos ecosistemas no producen la misma cantidad de recursos al año y su explotación también está sujeta a fluctuaciones. De hecho, depende de los datos demográficos, del consumo per cápita y de la producción industrial.

Gracias al cálculo de la huella ecológica, es posible tomar conciencia de algunos aspectos que afectan a nuestra esfera personal. Comprender hasta qué punto un nivel de vida es sostenible, ya sea el de una persona o el de todo un continente, es importante para influir en las decisiones individuales en materia de abastecimiento, consumo y desplazamientos.

A día de hoy, se mire desde cualquier perspectiva, los datos resultan alarmantes. Vivimos como si pudiéramos ganar como máximo dos mil euros al mes, pero gastamos tres mil cada mes: tomar medidas para remediarlo es una obligación ineludible.

La huella ecológica de nuestras vidas

En última instancia, no debemos olvidar que la huella ecológica es una unidad de medida en toda regla. Según los estudios de la Footprint Network de Mathis Wackernagel, a principios de los años 60 utilizábamos el 70 % de la capacidad total de recursos naturales que ofrece la Tierra. Cuarenta años después, en 1999, ya habíamos alcanzado el 120 % en términos anuales.

No obstante, la huella ecológica también puede considerarse una herramienta válida para la sensibilización a nivel político y evolutivo. Una herramienta política al alcance de cada nación que permite no solo a los gobernantes, sino también a los empresarios y a los ciudadanos de a pie, analizar por sí mismos la situación actual en materia de sostenibilidad. De este modo, antes de planificar cualquier estrategia de crecimiento económico e industrial.

Esto no significa detener el progreso, sino orientar con acierto la producción hacia vías que sean realmente viables.

Si limitamos el ámbito de estudio a Italia, ¿qué se puede observar?

Teniendo en cuenta los últimos datos disponibles, los países del mundo se clasifican en «países con reserva de biocapacidad» (países con superávit) y «países con déficit de biocapacidad» (países con déficit).

La huella ecológica de Italia

No nos sorprenderá descubrir que Italia se encuentra entre los países con déficit, es decir, aquellos cuya huella ecológica supera la capacidad biológica, con un saldo negativo de alrededor del 3,5 % (datos del PNUMA - Centro Mundial de Vigilancia de la Conservación sobre la biodiversidad, 2002). Esto significa que actualmente estamos agotando los recursos naturales a un ritmo mucho más rápido que el tiempo que necesitan para renovarse.

Un intento sensato de intervenir para corregir la ecuación parece ser la única consecuencia lógica.

Sin embargo, el margen de maniobra para aumentar el porcentaje de biocapacidad es demasiado reducido; resulta mucho más fácil actuar sobre la propia huella ecológica, ya que la humanidad es directamente responsable de ella.

Hay que reducir la demanda: esa es la verdadera razón por la que la huella ecológica puede convertirse en una herramienta útil para el progreso. Cuando los gobiernos no tienen suficientemente en cuenta estos datos y el problema que esconden, cada persona puede hacerlo por su cuenta. Y puede hacerlo empezando por replantearse su estilo de vida y tomando decisiones más conscientes.

Cómo reducir la huella ecológica

Los datos sobre la huella ecológica no solo se pueden cuantificar a escala global, sino que también se pueden aplicar a escalas más pequeñas hasta llegar a analizar el impacto de nuestras vidas individuales.

Existen varias herramientas en línea, totalmente gratuitas, que pueden ayudarte a realizar este cálculo.

Son herramientas diseñadas precisamente para que las personas alcancen un nuevo nivel de conciencia. Antes se hablaba de la inutilidad de «una gota en el océano». Hoy, por fin, se ha comprendido que la conciencia personal es el único camino hacia el cambio en el estilo de vida y, por tanto, en los hábitos de consumo.

Descubrir cómo nuestros comportamientos pueden tener un impacto significativo puede ayudarnos a replantearnos nuestras elecciones alimentarias, nuestras compras, la cantidad de residuos que generamos y los hábitos de consumo de energía y combustible necesarios para desplazarnos.

En esta ecuación también entra en juego el espacio que ocupa nuestra vivienda, con sus sistemas de suministro energético, su mobiliario, nuestras decisiones personales sobre los materiales utilizados y las emisiones contaminantes generadas para producirlos.

Huella ecológica: lista de algunas de las medidas que se pueden adoptar

Hoy más que nunca, el cambio depende de las decisiones individuales. ¿Un ejemplo? Vivir solo en una casa de tres plantas o en un estudio supone una diferencia considerable en cuanto a la cantidad de energía necesaria para calentarla en invierno o refrigerarla en verano.

Para reducir las emisiones, hay que empezar a prestar atención a algunos detalles que hasta ahora no habíamos considerado lo suficientemente importantes. Cada vez más personas empiezan a adoptar pequeñas medidas relacionadas con la forma en que nos desplazamos, los servicios que utilizamos y nuestros hábitos de consumo. A continuación, se incluye una breve lista no exhaustiva de posibles medidas que se pueden adoptar para reducir la huella ecológica personal:

La compra de productos locales de corta distancia, lo que contribuye a reducir el transporte.
Aumentar el consumo de fruta y verdura en detrimento de la carne y el pescado.
Beber agua del grifo, a ser posible filtrada, en lugar de agua mineral embotellada.
Dar prioridad a la ducha frente a la bañera.
Prestar especial atención y ser meticuloso con la recogida selectiva de residuos.  
Utilizar electrodomésticos de alta eficiencia energética, preferiblemente por la tarde y por la noche, así como fuentes de iluminación de bajo consumo.
Comprar ropa y muebles para el hogar fabricados sin sustancias químicas contaminantes, con materiales de origen natural que garanticen su durabilidad y una eliminación segura.
Siempre que sea posible, desplazarse a pie, en transporte público o en bicicleta.

Cómo decorar el dormitorio para reducir la huella ecológica

Como hemos visto, modificar nuestro estilo de vida con pequeños cambios en favor de una mayor sostenibilidad es un cambio al alcance de todos. A veces, es solo cuestión de información y de conocimientos previos. No hace falta ser rico ni acomodado: para tomar decisiones de consumo sostenible solo hay que ser mínimamente responsable con respecto al futuro del planeta y de nuestros hijos.

Para concluir nuestro breve análisis sobre la huella ecológica, queremos hablaros de un sector que nos importa mucho, ya que es en el que opera Kipli. Nos referimos a aquellas empresas dedicadas a la fabricación de muebles y ropa de hogar. Con el objetivo de sensibilizar sobre estas importantes cuestiones a un público que ya no es de nicho, sino cada vez más amplio, el papel de estas empresas puede resultar muy importante. Porque las cortinas, los armarios, las camas, las sábanas y los colchones son productos con los que convivimos a diario. Y quienes se dedican a la fabricación de estos artículos tienen la oportunidad de demostrar que son realmente receptivos ante el problema y de influir de manera especial en los comportamientos de compra y en los hábitos de un público masivo.

Por ejemplo, cuando hablamos de mobiliario para el hogar, debemos tener en cuenta que en Europa existe la certificación y la correspondiente etiqueta ECOLABEL (Reglamento CE n.º 1980/2000), que acredita las cualidades ecológicas de los muebles fabricados con madera natural. Se trata de una certificación que las empresas solicitan de forma voluntaria y que garantiza que, al menos, el 90 % de la madera utilizada es de origen natural. Además, ECOLABEL nos ofrece garantías a lo largo de toda la cadena de producción: desde la gestión sostenible de los bosques hasta la prohibición del uso de colas, disolventes y barnices nocivos para la salud humana.

El sentido de esta etiqueta ecológica es precisamente el de un logotipo, una etiqueta bien reconocida entre los consumidores que, cada vez en mayor número, prestan atención al rendimiento medioambiental de los objetos de uso cotidiano.

La certificación también garantiza el respeto por la salud y el bienestar de las personas. El hecho de que los muebles estén fabricados, al menos en un 90 %, con madera natural (sin contar los elementos de cristal ni los herrajes metálicos) lo avala. Una garantía que otros productos del mercado no pueden ofrecer.

Esto beneficia al medio ambiente y protege la capacidad de reproducción biológica del ecosistema. Pero también es positivo para el consumidor desde el punto de vista de la salud y el ahorro. De hecho, este tipo de mobiliario, para cumplir los criterios de la etiqueta ECOLABEL, debe someterse a pruebas que garanticen su larga durabilidad.

La durabilidad es un criterio indispensable para considerar que un producto es ecológico en todos los sentidos: una sustitución o un recambio frecuente supondría la generación de más residuos y más emisiones contaminantes en el medio ambiente. No solo por la eliminación o el reciclaje de los mismos, sino también por la fabricación de nuevos productos que habría que comprar.

Los muebles de madera natural se fabrican con un menor impacto medioambiental, ya que se reduce considerablemente el uso de sustancias que pueden considerarse peligrosas. ¿Queréis un ejemplo? Echad un vistazo a la ficha técnica de la estructura de cama de madera maciza Kipli: está fabricada con madera ensamblada mediante encajes, sin colas, tornillos ni elementos de plástico. Además, el barniz protector está compuesto únicamente por sustancias de origen orgánico.

¿Qué nos ofrece el mercado como alternativa? Productos que se venden a precios ligeramente inferiores, pero fabricados con aglomerados y imitaciones de madera, muebles de baja calidad que podrían contener incluso sustancias tóxicas, capaces de liberarse en el aire que respiramos.

Por suerte, cada vez más personas se están dando cuenta de que el dormitorio es la estancia que mejor representa el concepto de comodidad y bienestar. Buscar estos aspectos también significa reducir al mínimo los riesgos para la salud. Al hacerlo, sin duda, también estamos contribuyendo a la protección del medio ambiente.

El impacto medioambiental de las materias primas en el dormitorio

Como ya hemos dicho, siempre es recomendable informarse a fondo sobre el origen de la materia prima. En este caso, el origen del material con el que se fabrican los armarios, las camas, las mesitas de noche y los suelos.

Si hablamos de madera auténtica, por regla general, siempre es recomendable evitar los objetos fabricados con varios tipos de madera diferentes y dar preferencia a los que están hechos de un solo tipo de madera. Hay que asegurarse de que sea madera con certificación FSC, procedente de bosques gestionados de forma sostenible.

Si, como ha decidido hacer Kipli, se añade además la posibilidad de dar rienda suelta a las ideas de los diseñadores, utilizando madera natural encajada para evitar tener que introducir metal en el interior de su estructura, queda claro que cambiar el modelo de consumo también puede aportar importantes beneficios desde el punto de vista estético. Una estructura de cama que se puede completar, por ejemplo, con un colchón de látex natural y un juego de sábanas y mantas de algodón ecológico.

Mobiliario y decoración sostenibles

A la hora de amueblar el dormitorio, existen muchas opciones que nos permiten controlar nuestra huella ecológica. Muchas empresas fabrican muebles a partir de madera recuperada y reciclada.

Otras empresas, además de utilizar materias primas biocompatibles, invierten parte de los ingresos obtenidos por las ventas en interesantes iniciativas para involucrar a sus clientes y sensibilizarlos aún más. Es el caso de aquellas que deciden plantar un árbol nuevo por cada venta.

En el dormitorio, tanto si se trata de un nuevo mueble como de una renovación total, todo puede ser ecosostenible, basta con quererlo. Desde suelos de bambú hasta papel pintado compostable.

La razón por la que el bambú se considera especialmente interesante desde este punto de vista es precisamente su rapidez de crecimiento. En determinadas condiciones de cultivo favorables, basta un solo día para producir un metro de bambú, y ningún árbol crece tan rápido.

El papel pintado, por su parte, puede estar compuesto por celulosa o fibras textiles y decorarse con tintas y tintes a base de agua. Ningún componente debe ser de origen químico ni presentar toxicidad intrínseca. Si no te gusta el papel pintado, lo mismo se aplica a las pinturas que se utilizan para renovar las paredes.

¿Cómo es un dormitorio ecosostenible?

Más allá de las decisiones sobre cada elemento concreto, la sostenibilidad también implica reducir los excesos. En otras palabras, habrá que apostar por un estilo minimalista para reducir la cantidad de materiales utilizados. Como se ha mencionado anteriormente, la cantidad de espacio que ocupamos también tiene un impacto importante en la huella ecológica.

Una decoración minimalista reduce al mínimo las formas y los materiales. El minimalismo es una buena opción desde todos los puntos de vista: cuantos menos objetos haya, mejor fluirá la energía del dormitorio, lo que permitirá un descanso más reparador. Además, la habitación estará siempre perfectamente limpia, ya que es fácil de ordenar.

La elección de los tonos cromáticos que se van a utilizar en el dormitorio también es fundamental para evaluar nuestro impacto. De hecho, los colores deberían tender hacia los tonos neutros, precisamente porque, a menudo, los tonos neutros son los colores naturales de los materiales que se encuentran en la naturaleza. Materiales sin pintar y, por lo tanto, preferiblemente libres de sustancias tóxicas.

A algunos les parecerá extraño, pero incluso el espejo que suele colocarse encima de una cómoda, o fijarse a la pared, puede fabricarse con materiales más o menos ecológicos.

El espejo, una herramienta imprescindible para arreglarse antes de salir, puede estar fabricado o no con componentes peligrosos, como residuos de plomo y cobre. Además, el marco puede contener o no materiales naturales.

Por último, se tendrá en cuenta la iluminación ecológica del dormitorio con luces LED: unas pocas lámparas bien situadas pueden aportar un buen ambiente a la habitación.

En definitiva, la descripción del dormitorio con baja huella ecológica no puede sino poner de relieve una gran verdad: velar por el bien del planeta coincide con la defensa de nuestros propios intereses.

Dormir en una habitación diseñada íntegramente con materiales naturales, reciclables, hipoalergénicos y no tóxicos te hace sentir una profunda sensación de equilibrio y armonía. Descansar en este entorno será un placer para el cuerpo, para el alma y para fomentar un espíritu de respeto hacia los demás seres humanos.