Todos hemos oído hablar alguna vez del Feng Shui, esas normas de organización de nuestro hogar que permitirían que la energía (llamada «Chi») circulara mejor. Es evidente que una vivienda desordenada o mal cuidada afecta a nuestro bienestar. Una casa ordenada y bien organizada nos ayuda a tener la mente más despejada, pero no solo eso. ¿Qué hay entonces del Feng Shui que nos habla de materiales, orientación, puntos cardinales…? La traducción de Fēng Shuǐ es, literalmente,«el viento y el agua», elementos de circulación presentes en todo el planeta e indispensables para la vida. Un nombre que define a la perfección esta disciplina tan rica que va mucho más allá de simplemente orientar los muebles según la brújula.
Origen e historia del Feng Shui
El Feng Shui tiene su origen en China y no es nada nuevo, ya que se trata deuna tradición ancestral que se practica desde hace más de 3.000 años. En aquella época, durante la dinastía Tang (618-960 d. C.), el Feng Shui permitía seleccionar los emplazamientos más adecuados para la fundación de pueblos. Utilizado para viviendas, tumbas o estrategias militares, el Feng Shui se fue desarrollando a lo largo de las sucesivas dinastías chinas. En un principio, se trataba de una disciplina cuyos secretos, conocidos solo por los maestros, estaban reservados al emperador, aunque posteriormente se extendieron entre la nobleza. Como parte integrante de la cultura china, el Feng Shui contribuyó a la construcción de edificios destacados, como la Ciudad Prohibida.
Durante la Revolución Cultural, el Feng Shui quedó prohibido bajo el mandato de Mao Zedong, quien lo veía con malos ojos. Las antiguas traducciones y culturas tradicionales debían ser reprimidas para dar paso a nuevas costumbres. Así, los maestros de Feng Shui de la época huyeron a otros países asiáticos , como la ciudad-estado de Singapur, Taiwán o Malasia. Otros emigraron a Occidente, lo que permitió desarrollar esta disciplina en otros continentes, especialmente en los países anglosajones. Al finalizar la Revolución Cultural en 1976, el Feng Shui volvió a integrarse en la cultura asiática.
La llegada del Feng Shui a las culturas occidentales ha hecho que esta disciplina se haya simplificado en gran medida para facilitar su aplicación e integrarse más fácilmente en los estilos de vida locales.
El Feng Shui es un arte ancestral complejo que se basa en la cosmología china y en los principios del taoísmo. Es difícil dar una única definición, ya que, de hecho, existen varios métodos que se denominan «escuelas»:
- Escuela de la forma: se trata del método más antiguo, que se basa en un análisis del entorno y de las formas exteriores (montañas, ríos o cualquier otra construcción humana, como las carreteras)...
- Escuela de la brújula: como su nombre indica, se basa en las ocho direcciones cardinales y utiliza cálculos precisos. Este método está pensado para el diseño de interiores.
- Escuela de los Sombreros Negros: el Feng Shui moderno que se ha integrado en las culturas occidentales, y más concretamente en Estados Unidos. Incluye la meditación, las oraciones y otros mantras. Se trata de un método simplificado que no tiene en cuenta el aspecto direccional a través de los puntos cardinales.
El uso del Feng Shui en nuestras sociedades occidentales
El Feng Shui se define como un arte o una disciplina ancestral. Sin embargo, resulta difícil considerarlo una ciencia, salvo quizá una ciencia de la energía. Y es que el núcleo de esta práctica es precisamente el Chi, o la energía vital que conecta todos los elementos del universo. Por lo tanto, existe un vínculo real entre lo visible y tangible y lo invisible. Armonizar los espacios interiores aportaría bienestar y serenidad. Esto no se limita únicamente a las viviendas, sino que también es muy solicitado para el diseño de locales profesionales. Muchas empresas ya han recurrido a expertos en Feng Shui, como Nature & Découverte, Sephora, British Airways o incluso Nike. Se toma muy en serio incluso en nuestras sociedades tan pragmáticas.
Aunque el Feng Shui que se practica en Occidente resulta más sencillo que el Feng Shui tradicional, ofrece buenos resultados al seguir unos principios fáciles de aplicar.
Nuestras viviendas son muy diferentes a las de los asiáticos. De hecho, tendemos a acumular más objetos y a añadir muchos elementos decorativos. Por eso, lo primero que hay que hacer es ordenar las cosas con regularidad. Tirar lo que ya no sirve, regalar lo que ya no se usa y colocar cada objeto en su sitio. Limpiar el polvo de los muebles y los objetos para favorecer la circulación del chi, que se ve frenada por el desorden y la suciedad.
Una vez superada esta etapa, hay que determinar bien la función de cada estancia y organizarlas de tal forma que se aumente su frecuencia vibratoria: la entrada, el comedor, la cocina, el dormitorio y el cuarto de baño. Y aquí las recomendaciones son numerosas y dependen en gran medida de la distribución, la luminosidad y la superficie de tu vivienda.
No es necesario establecer normas concretas, pero podemos enumerar algunas recomendaciones generales:
- Utilizar los colores adecuados según la estancia: existen los colores denominados YIN ( tonos fríos y pasteles) y los colores denominados YANG ( tonos cálidos y colores vivos). Los colores Yin son ideales para estancias destinadas al descanso o la relajación, como el dormitorio, el baño o el salón. Los colores Yang son perfectos para estancias donde hay actividad, como la entrada, la cocina o el despacho.
- En consonancia con este equilibrio entre el Yin y el Yang, los cinco elementos —la madera, el fuego, la tierra, el metal y el agua— revisten gran importancia en nuestros interiores y crean armonía si se colocan adecuadamente. La madera está representada por las plantas, las estructuras de madera o los muebles de madera maciza. El fuego puede representarse mediante velas o una chimenea. En cuanto a la tierra, se trata de todo aquello que esté hecho a base de arcilla, como la cerámica. El metal, al igual que la madera, puede integrarse en las estructuras constructivas de la casa o el edificio, o bien en el mobiliario. Y, por último, el agua puede incorporarse mediante una fuente de interior.
- Las plantas de interior y las flores son un gran activo para dinamizar el Chi, siempre y cuando se cuiden adecuadamente. Cualquier planta que se esté muriendo debe curarse o retirarse de la vivienda. Lo mismo ocurre con las flores marchitas o incluso las secas, ya que simbolizan la muerte. No se recomiendan los cactus porque son demasiado puntiagudos, y sus espinas evocan inconscientemente imágenes negativas.
- En el Feng Shui se recomienda el uso de espejos , ya que permiten alejar el chi negativo y aportar luz. Sin embargo, hay que prestar atención a su ubicación. Un espejo frente a la puerta de entrada, por ejemplo, se considera inadecuado, ya que incita a salir con la imagen de la puerta abriéndose frente a uno. Tampoco se recomiendan los espejos en el dormitorio de un adulto, ya que se trata de un objeto yang. Pero, evidentemente, se tolera su presencia en el cuarto de baño. En esta estancia es imprescindible.
En el resto de estancias, y como elemento decorativo, hay que asegurarse de que refleje cosas bonitas.
