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¿Cómo ha cambiado la vida marina a causa de la sobrepesca? - Kipli

¿Cómo ha alterado la sobrepesca la vida marina?

La población mundial no deja de crecer, lo que conlleva un aumento del consumo de alimentos, algo que, evidentemente, tiene sus consecuencias. Este es el caso de la carne, cuyo consumo mundial se ha multiplicado por cuatro desde la década de 1960.  Según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), la ganadería industrial es responsable de cerca del 15 % de las emisiones de gases de efecto invernadero. Lamentablemente, el medio marino tampoco se libra de ello. De hecho, el impacto medioambiental provocado por la sobrepesca es desastroso y preocupa a las autoridades. Ningún océano se libra de estas enormes redes de arrastre de fondo, que desequilibran gravemente el ecosistema marino y provocan la desaparición de ciertas especies. Se trata de prácticas denunciadas desde hace tiempo para limitar su impacto nocivo y fomentar en mayor medida la pesca sostenible, pero que siguen estando demasiado presentes.

¿Qué es la sobrepesca y cuáles son sus consecuencias?

La sobrepesca consiste en poner en peligro los recursos marinos mediante una pesca demasiado intensiva que impide la renovación de las especies afectadas. Se trata principalmente de la pesca con cianuro, con explosivos o con redes de arrastre de fondo. Entre las peores formas de pescar, el arrastre de los fondos marinos se lleva la palma. Barcos con enormes redes que navegan para rastrillar el fondo de los mares y los océanos. Y ahí lo capturan todo: desde el molusco más pequeño hasta los delfines. De hecho, es la principal causa de mortalidad de estos últimos. Es lo que se conoce como capturas accidentales, que representan aproximadamente el 35 % de las capturas. Casi 30 millones de toneladas de animales marinos quedan atrapados en las redes de los arrastreros. Esto provoca una drástica disminución de las especies acuáticas (atún rojo, pez espada, merluza, bacalao…).

La desaparición de algunos depredadores, como el tiburón (se estima que la población de algunas especies de tiburones y rayas se ha reducido en más del 70 % desde los años 70), impide la regulación de los peces más pequeños y acentúa la proliferación de medusas en las playas del Mediterráneo.

Los arrecifes de coral también se ven afectados por la sobrepesca. Teniendo en cuenta que albergan el 30 % de las especies marinas, constituyen un elemento esencial del medio ambiente oceánico. Además, permiten que cerca de mil millones de personas se alimenten y constituyen auténticas barreras naturales de protección contra las tormentas o los tsunamis. Sin olvidar los residuos plásticos procedentes de las redes abandonadas en los océanos y los mares, que representan el 10 % de la contaminación marina.

Una importante preocupación medioambiental que exige actuar con rapidez y eficacia. El pasado 23 de febrero, el Ifremer (Instituto Francés de Investigación para la Explotación del Mar) señaló que el 56 % del pescado que se consume procede de la pesca sostenible. Se trata de un modo de pesca más responsable que constituye un método con futuro. También nos corresponde a nosotros, los consumidores, informarnos sobre el tema para actuar e incitar a las empresas a adoptar prácticas pesqueras más éticas.

¿Cómo podemos actuar a nuestra escala?

Todos tenemos una responsabilidad respecto al impacto medioambiental de lo que consumimos. Por eso es importante optar por soluciones sostenibles. Este es el caso de la pesca sostenible. Consiste en practicar una pesca respetuosa con el medio ambiente mediante embarcaciones de pequeño tamaño yen evitar las capturas accidentales de peces, moluscos y cetáceos que acaban siendo devueltos al océano muertos o heridos. Y, en la misma línea, no pescar especies en peligro de extinción, como se ha mencionado anteriormente. Para elegir bien el pescado que se va a consumir, se puede confiar en determinadas etiquetas de calidad. En primer lugar, está el sello MSC (Marine Stewardship Council), fruto de una colaboración entre WWF y Unilever, que certifica que el pescado procede de una pesca responsable y respeta las cuotas para no dañar los ecosistemas (aunque en 2020 se les acusó de «greenwashing»). La etiqueta ecológica francesa «Pêche Durable» existe desde 2017 y garantiza un impacto limitado en el medio ambiente.

Teniendo en cuenta que prácticamente todo el pescado que se vende en los grandes supermercados procede de pesquerías no sostenibles, resulta más interesante dar prioridad a los circuitos cortos . Ya sea directamente en los mercados junto al mar o al océano, mediante la venta directa desde el barco, o a través de empresas comprometidas como Poiscaille u Oh! Matelos, en Gironda.

Reducir el consumo de productos del mar es también una solución eficaz, que además permite ahorrar dinero, dado el aumento de los precios. Por otra parte, algunos pescados tienen un alto contenido en mercurio. Es el caso del atún rojo, el pez espada o la caballa.

Come menos pescado, pero come mejor, dando prioridad a especies no depredadoras como el arenque, la anchoa o la sardina. Y si te preocupa quedarte sin omega 3, debes saber que se encuentran principalmente en los aceites vegetales (aceite de lino, aceite de colza…), las semillas de chía o de lino, e incluso en algunas verduras como las espinacas o el aguacate, aunque en cantidades más pequeñas.

Para saber más sobre la sobrepesca, el documental «Seaspiracy» ha investigado el impacto catastrófico de la pesca industrial en los ecosistemas.

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